4 ago. 2015

LA PELIGROSA

En uno de mis  múltiples  viajes  alrededor  del mundo y en busca  de  la  ola  perfecta fui  a  dar  a una localidad  costera  del  continente sudamericano. A pesar de  que el pueblo tenía  bastantes habitantes aquella  playa estaba desierta. Su nombre quiso  amedrentarme pero  no lo  consiguió. Se llamaba La Peligrosa.

El  azul  de  sus  aguas  era extrañamente brillante...casi  químico. El  off shore reinante  era  una  suave  caricia con  cierto  aroma a  perfumería que  empalagaba y adormecía  por  instantes. Las  olas  que  llegaban  perfectamente  alineadas  en  series  de  siete  u  ocho rompían de derechas casi  infinitas con secciones muy   tuberas que  dejaban  paso a partes  más maniobrables acabando en lenguas  de  arena de  tacto  tan  esponjoso que  mosqueaba.
Aunque la  sensación al remar  era  que el  océano parecía  más  sólido  que  líquido, el surfing  que  permitía era como si  la  velocidad, espacio y  tiempo del mismo se ralentizaran lo  que  hacía  posible  la  observación  del  más  mínimo detalle.

Ni  que  decir  tiene  que  las  tres  horas sin  parar equivalen  a  años  de  surf  en  cualquier spot  conocido  por  el  ser  humano...
Al  irme, las espumas  me miraban y  el  sonido de  sus  olas  parecían  desearme  mucha  suerte y yo como  un  tonto  me  marché  muy  alegre...

Aquella noche el  sueño  fue  tan  profundo que  ni  los  mosquitos  como helicópteros de  la  habitación  del  hotel impidieron el  letargo  absoluto.
A la mañana  siguiente, algo  cansado y  tras  la  primera mirada que  dedico  al espejo del  cuarto  de baño puedo  ver  como algunos  trozos  de piel de  mi  cara  se  desprenden  con  facilidad.
Ligeramente  contrariado y  temeroso procedo a  expulsar  líquidos por  el  pito.
Al  palpar la cuca para  encauzar la  meada noto algo...diferente.Miro  hacia abajo y...cagüenlaputaaaaa. Era  como  si  el  espíritu  de  Nacho Vidal  estuviera  dentro  de  mí -de lo  hinchada  que  la  tenía-  y  tras  breves momentos de  alegría por aquello  de  mi nuevo  tamaño, justo  cuando mi  agüita amarilla  abandona mi  cuerpo, el  escozor que  siento  me  impide  mantener  los  ojos  abiertos y  me  hace  soltar  un  profundo  alarido de  incesante  dolor.

Al terminar  de orinar cesa el  mal pero comienzo  a  atar  cabos. Pongo  la  TV y  una  noticia me  termina  de iluminar...

"Enésimo  vertido  nuclear en  la  playa La Peligrosa...las  autoridades  sanitarias advierten  del  peligro...bla ...bla ...bla..."

Ahora entiendo su  mirada...ahora  entiendo sus palabras ...ahora  se porqué le  llamaban La Peligrosa....


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